Gonzalo Fuenmayor @ Dolby Chadwick by Maria Porges/ SquareCylinder.com
traducción:
Gonzalo Fuenmayor en la Galería Dolby Chadwick
Publicado el 5 de septiembre de 2016.
"La superficie de una canción" (2015), carboncillo sobre papel, 52" x 86" [1m32 x 2m18]
por María Porges
Hay algo desafiante (o por lo menos irónico) en el título Pintoresco, la exposición de diez dibujos recientes al carboncillo del expatriado colombiano Gonzalo Fuenmayor. Los paisajes que se describen como pintorescos son bonitos o folclóricos: la clase de lugar que se visita (o se explota) pero en los que muy pocas veces se vive. Fuenmayor (radicado en Miami desde hace varios años) ha investigado en su obra los temas de la colonización y del exotismo desde su época de estudiante en Nueva York a finales de los años noventa, en los que explora asuntos tales como los guineos (la tercera exportación agrícola legal más importante de Colombia) y el barroco turbante repleto de frutas que utilizaba la legendaria cantante y actriz luso-brasileña Carmen Miranda.
En estas obras sofisticadas y convincentes, Fuenmayor continúa explotando las complejas vetas de la crítica sociopolítica y surrealista, pasando a incluir la palmera (para los estadounidenses, el símbolo por antonomasia
"Una coincidencia botánica" (2016), carboncillo sobre papel, 77" x 52" [1m95 x 1m32]
de las vacaciones en el trópico), así como asombrosas composiciones teatrales en las cuales presenta la improbable combinación de complejos elementos arquitectónicos de los siglos XVII y XVIII con (¡vaya sorpresa!) piscinas.
Tradicionalmente un símbolo de riqueza, las piscinas también ofrecen una oportunidad interesante para subvertir nuestro punto de vista, tanto literal como figurativamente hablando. Sorprendentemente, Fuenmayor recubre los costados de estos elegantes espacios vacíos con virtuosas ejecuciones de detalles complejamente tallados del tipo que se observa en los cielos rasos de los palacios. Diseños retorcidos de animales y (o) plantas sugieren un grado de desmesura, tanto lujosa como baladí. La idea de una piscina dorada y artesonada, equipada con un trampolín reglamentario, es un concepto brillante y perverso, totalmente original
y un tanto perturbador, insinuando lo que el artista ha descrito como una doble negación. Estas piscinas son espacios inexistentes y antiminimalistas, sus bordes perfectamente definidos que conducen a interiores que muestran un nivel de decadencia que ni siquiera los dictadores sueñan con alcanzar.
Las piscinas en obras como Ruido de dios o La superficie de una canción carecen no sólo de agua sino también de ocupantes; ubicadas en espacios oscuros, de aspectos ligeramente teatrales, sugieren un escenario o un estadio tan vacíos como los salones parecidos a mausoleos de un museo palaciego luego de concluidas las horas de visita. Iluminados con proyectores como si un espectáculo estuviera a punto de iniciarse, los lugares y los espacios en todos estos dibujos aparecen despoblados como si acabara de suceder el apocalipsis, con los trampolines y los tacos de salida vacíos. Los únicos actores presentes
"Palmera" (2016), carboncillo sobre papel, 60" x 45" [1m52 x 1m14]
son las palmeras, asomándose por el telón de un teatro en Una picazón tropical, atravesando poltronas mullidas en Una coincidencia botánica y atiborrando piscinas en forma de riñones en Inmersión y en La insolencia del asombro.
En otras obras, Fuenmayor incursiona en la puesta en escena de una manera diferente. Palmera muestra una sucesión de marcos tallados excesivamente ornamentados, cada uno de ellos más pequeño que el que lo contiene, hasta definirse a lo lejos una imagen diminuta semejante a un camafeo de una sola palmera azotada por el viento: la naturaleza abrumadoramente engalanada por la cultura, como una taza hecha de la concha de un coco en un escaparate de objetos curiosos. En Puesta de sol, una composición similar de marcos apilados en trompe l'oeil, la distante imagen diminuta en el centro trae a la memoria un espectáculo al final del día observado desde una terraza en una novela latinoamericana de realismo mágico, con un trago de ron en la mano, acompañado por el sonido de maracas y posiblemente de disparos en la lejanía. Incluso contemplar pensamientos semejantes (mientras que todo este tiempo se admire el humor negro de Fuenmayor y sus convincentes conjunciones del encanto tropical con la antigua opulencia) nos causa una punzada de remordimiento poscolonial. Y esto es como debería ser.
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Gonzalo Fuenmayor: "Pintoresco" en la Galería Dolby Chadwick hasta el 1o de octubre de 2016.
Acerca de la autora:
La escritora y artista María Porges vive y trabaja en Oakland. Durante más de dos decenios, sus ensayos críticos han aparecido en muchas publicaciones, incluidas Artforum, Art in America, Sculpture, American Craft, Glass, el New York Times Book Review y muchas otras. La autora de aproximadamente 100 ensayos para catálogos de exposiciones, se desempeña actualmente como profesora adjunta en California College of the Arts.